El panorama del mercado laboral en España está experimentando un giro significativo. Después de un periodo excepcionalmente dinámico en el que se generaron aproximadamente 3,5 millones de empleos desde 2021, las proyecciones apuntan a una ralentización considerable en el ritmo de creación de puestos de trabajo durante los próximos ejercicios.
Según las estimaciones elaboradas por los analistas de Funcas, la tasa media de crecimiento del empleo se situará en torno al 1,3% durante 2027 y 2028, lo que representa aproximadamente la mitad del dinamismo registrado en el trienio 2023-2025. Esta desaceleración implica pasar de un incremento del 2,3% en 2026 al 1,6% en 2027, para finalmente cerrar 2028 con apenas un 1% de aumento.
¿Qué factores explican esta desaceleración?
Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, identifica como elemento clave la evolución de la población activa española. A diferencia de economías que basan su expansión en mejoras sustanciales de productividad, el crecimiento español ha dependido históricamente de la incorporación masiva de mano de obra al mercado laboral. El problema radica en que esta fuente de crecimiento muestra ahora claros síntomas de agotamiento.
Los datos de la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre reflejan esta tendencia: la tasa de ocupación apenas creció un 0,32%, muy por debajo del 0,84% registrado en el cuarto trimestre de 2025. Sectores que habían liderado la generación de empleo desde 2021, como la hostelería, el comercio minorista y el turismo, están llegando a su límite de capacidad. La Contabilidad Nacional del INE revela pérdidas preocupantes: cerca de 350.000 ocupados menos en comercio, transporte y hostelería entre el segundo y tercer trimestre de 2026, y 51.000 menos en construcción durante el mismo periodo.
El impacto macroeconómico en el empleo
Esta moderación laboral no puede entenderse sin analizar el contexto económico general. Las previsiones de Funcas para el crecimiento del Producto Interior Bruto son cada vez más conservadoras: del 2,5% en 2026 se pasará al 1,8% en 2027 y al 1,7% en 2028. Dos factores resultan especialmente determinantes: la inflación, que alcanzará el 3,7% este año y el 3,1% el próximo, y el incremento del coste de la deuda pública, ambos elementos generando pérdidas significativas de poder adquisitivo en los hogares españoles.
La demanda interna, que había sido uno de los motores tradicionales de la economía española, también muestra signos de debilitamiento. Su contribución al PIB caerá desde los tres puntos porcentuales de 2026 hasta los dos puntos en 2028. Paralelamente, el sector exterior restará cinco décimas este año, tres el siguiente y otras tres en 2028, mientras que incluso el turismo, pilar fundamental de la economía nacional, experimenta una desaceleración en su impulso.
La demografía como variable crítica
Un aspecto especialmente relevante es la evolución demográfica. Mientras la población activa española está en retroceso, la entrada de trabajadores extranjeros se perfila como el único factor capaz de compensar esta caída. Funcas subraya que el crecimiento demográfico derivado de la inmigración avanza a tasas intertrimestrales cercanas al 0,2%, aunque también presenta señales de ralentización. Durante los primeros seis meses de 2026, la población activa creció al 1,8%, impulsada casi exclusivamente por la incorporación de población extranjera.
La capacidad de España para mantener flujos migratorios estables será determinante para evitar una caída más pronunciada en la creación de empleo. Sin embargo, este factor depende de múltiples variables económicas y políticas que añaden incertidumbre a las proyecciones a medio plazo.
Diferentes perspectivas institucionales
No todas las instituciones comparten el mismo grado de pesimismo. El Banco de España, en sus proyecciones de octubre de 2026, anticipa un aumento del empleo del 2% este año y del 1,8% en 2027, cifras superiores a las de Funcas aunque igualmente indicativas de una moderación. Los técnicos del organismo supervisor reconocen explícitamente que el ritmo de creación de empleo se modera a lo largo del horizonte temporal analizado, y que la reducción de la tasa de paro será cada vez más pausada.
El Banco de España se muestra algo más optimista respecto al impacto del conflicto en Oriente Medio, considerando que aunque seguirá presionando los precios al alza, no limitará significativamente el crecimiento del PIB en lo que resta de año. Sus estimaciones sitúan el crecimiento económico de 2027 en el 2,2%, cuatro décimas menos que en los dos años precedentes, lo que les permite proyectar una creación de empleo del 1,8% para ese ejercicio.
Consecuencias en la tasa de desempleo
La ralentización en la generación de puestos de trabajo tendrá un reflejo directo en la evolución de la tasa de paro. Según Funcas, si en 2026 el desempleo baja seis décimas, en 2028 la reducción será de apenas tres décimas, situándose finalmente en el 9%. Entre ahora y 2028 se crearán aproximadamente 770.000 empleos netos, una cifra significativamente inferior a los 3,5 millones generados en los últimos cinco años.
Esta desaceleración supone un desafío importante para las políticas económicas y laborales. La moderación en la destrucción del desempleo implica que España mantendrá durante más tiempo una tasa de paro elevada en comparación con otros países de su entorno, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad del modelo productivo español para generar empleo de calidad y en cantidad suficiente.
En clave: Por qué importa
La drástica reducción en el ritmo de creación de empleo representa un cambio de ciclo económico que afectará directamente a millones de españoles. Para quienes buscan incorporarse al mercado laboral, especialmente jóvenes y desempleados de larga duración, las oportunidades serán significativamente menores que en años recientes. Las empresas, por su parte, deberán adaptarse a un entorno donde la productividad cobrará mayor protagonismo frente a la simple incorporación de mano de obra.
Este escenario también plantea retos estructurales para el sistema de protección social y las finanzas públicas. Una menor creación de empleo implica menor recaudación por cotizaciones sociales y mayor presión sobre las prestaciones por desempleo. La dependencia creciente de la inmigración para sostener la población activa añade una dimensión adicional que requerirá políticas de integración efectivas y consenso social en torno a los flujos migratorios.



